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Iba el autor por los campos de Castilla recitando a Antonio Machado cuando, de pronto, comenzaron a caer unas hojas blancas del cielo que crearon un círculo perfecto a su alrededor. No había avión o helicóptero desde donde alguien pudiera haberlas tirado, ni siquiera soplaba el viento. En la hoja más cercana, alcanzó a leer tres palabras: Diario de Dios.
Estaba claro Fernando Diaz-Plaja había sido elegido por las altas esferas para servir de agente literario a un Autor con mayúscula.
Con un lenguaje llano, cercano al discurso hablado y plagado de ironía y humor, Dios pasa revista a las más variadas cuestiones terrenales: desde los problemas que le surgieron al crear a los animales o al hombre... hasta su opinión sobre los asuntos más profusamente discutidos aquí abajo, talento las mujeres, la ecología, los niños...