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El autor relata su experiencia neoyorquina de juventud y la forma en que encontró la vía creativa como salida vital.
En Trópico de capricornio se refiere a su juventud en Nueva York. A partir de su trabajo en una compañía de telégrafos, nos muestra una completa galería de personajes estrambóticos, marginados, inadaptados y delincuentes, rodeados por un ambiente de violencia y de sexo. Precursor de tanto «realismo sucio» actual, no nos habla del sexo creativo o idealizado, sino de trozos de carne que se toman en el mercado social. Es duro, pero no más duro que la vida misma.
Las experiencias sexuales, laborales y familiares de un empleado de la Western Union sirven de hi lo conductor a una ficción autobiográfica de la que surge con inusitada fuerza la crítica mirada de Miller hacia el mundo y los hombres que le rodean, sus disquisiciones filosóficas y su poderoso canto a la individualidad. Convencido de que el futuro de la literatura estaba en lo autobiográfico, una senda que tendría continuidad en Jack Keoruac y posteriormente toda una legión de escritores norteamericanos, Miller dio un paso realmente importante en la evolución de la literatura con su personal modo de enfocar el arte narrativo.
Henry Miller siempre fue un poco revoltoso, y cuando en 1931 se estableció en París y empezó a escribir su Trópico de cáncer echó los dados de la fortuna. Escandaloso y provocador para la pacata sociedad de su tiempo, escribió de forma directa los pensamientos y las actuaciones de su generación, pero sin tapujos ni metáforas. Dijo: «Mientras más cultiva el hombre las artes, menos se empalma». Freud había afirmado lo mismo, pero con otras palabras.