La obra contempla varios temas; el autor en su visión narra la existencia de un gran planeta, y que su acercamiento a la Tierra generará impacto en todo lo que conocemos. En cuanto a los ensayos atómicos en el océano, el autor comparte desde su percepción el peligro mortal y destructivo que son estos ensayos, provocando maremotos, terremotos y la contaminación de la vida del mar y los animales que habitan en él con todas sus consecuencias. También habla sobre los extraterrestres en una narrativa comparativa con la tierra; describiendo un estilo de vida armónica, compartida y llena de valores, en un mundo idílico, donde se usa la tecnología para el bien común y en donde la religión es el respeto mutuo a la vida y los demás.
En un capítulo al que llama La Muerte, invita a ver los defectos psicológicos (ego) en cada uno de nosotros, dándole gran relevancia a descubrirlos en los pequeños detalles de la vida cotidiana; haciendo una valoración o semejanza con lo que son o representan las raíces diminutas de un árbol en cuanto a su alimentación y sustento. Entrega en este contexto, una acción o fórmula para un cambio radical. Concluye la obra tratando sobre el mundo de los sueños; cuerpo astral y/o plano astral, donde no existe el peso ni las distancias, sobre el que nadie se detiene a pensar o reflexionar. Expone que todos podemos conseguir ser conscientes en este plano o dimensión. En la nota final, hace un llamado a ir, a estar, más allá de teorías y discusiones invitando a experimentar y a lanzarse a trabajar en la desintegración de los defectos o yoes psicológicos.
Hercólubus (más correctamente Hercóbulus) es un planeta ficticio ideado en la segunda mitad del siglo XX, posiblemente por el médium y abogado brasileño Hercilio Maes (1913-1993). Varios astrólogos profetizaron que Hercólubus se estaría acercando al planeta Tierra y sería el causante del fin del mundo el 11 de agosto de 1999. Después del fracaso de la profecía en 1999, el bulo del lejano planeta reapareció aprovechando el supuesto fin del mundo maya el día del solsticio de diciembre de 2012.
El gnóstico colombiano Rabolú (Joaquín Enrique Amórtegui Valbuena, 1926-2000) en su libro Hercólubus o planeta rojo (1998) cita a Samael Aun Weor. En general en las decenas de sitios web acerca de Hercólubus se le atribuye a Rabolú la idea completa. El libro se presenta como una profecía "a muy corto plazo", con advertencias contra las armas atómicas y la inmoralidad: En Venus no hay degeneramiento sexual como lo hay aquí, que ya hasta los señores curas están casando homosexuales, porque el homosexualismo en ellos no existe; son hombres verdaderos y mujeres verdaderas. Todas estas atrocidades sexuales no se ven sino en nuestro planeta, porque en los demás saben reproducirse sin caer en la fornicación. Maestro Rabolú, en Hercólubus o planeta rojo.