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Al caer la noche tras un día casi veraniego, los cuadros de Velázquez expuestos en el Museo del Prado son alcanzados por una antigua maldición. Un joven profesor de historia del arte, enamorado de una mujer pero en trance de iniciar un romance con otra, hace un descubrimiento sorprendente. Una catástrofe puede tener lugar si no encuentra una solución y se pone en práctica antes del amanecer.
¿Qué está sucediendo en Madrid mientras la ciudad duerme? Prostitutas, travestis, yonquis, delincuentes, mendigos y otros habitantes de la noche buscan su trabajo, su ocupación y su destino.
Pero esta no es la razón que pone en alerta general a la policía e interrumpe el sueño del mismísimo Presidente del Gobierno. Un fraile del monasterio de El Paular conoce el secreto, pero solo en parte...
Una noche del mes de junio de 1999, los personajes de los cuadros de Velázquez abandonan el Museo del Prado y recorren el territorio del Madrid noctámbulo, oscuro y marginal. El ingrediente fantástico se mezcla con episodios de un realismo crudo. Los personajes de Velázquez, como fantasmas, entran en contacto con una galería de personajes desnortados: drogadictos, homosexuales, travestis, yuppies a la búsqueda del placer… La mezcla entre este mundo sórdido y lo fantástico no está conseguida, y la novela chirría en algunos pasajes con escenas narrativamente débiles. Esta curiosa mezcla hace agua también en el estilo, en ocasiones llamativamente obvio a pesar de su intermitente lirismo urbano y su buscada sobriedad expresiva. Hidalgo parece querer plantear una curiosa parábola sobre el bien y el mal, la luz y la oscuridad. Esta intención es la que da a la novela una cierta ambición, aunque el resultado sea tibio y disperso.